Ciencias Matemáticas II.
El objetivo de la presente obra es el de desarrollar con rigor y claridad los principios esenciales de las matemáticas. Para ello se ha dividido su contenido en dos volúmenes. En el primer volumen se trata sucesivamente de la Aritmética, el Álgebra, la Geometría y la Trigonometría. En el segundo volumen se introduce la Lógica formal, las Estructuras fundamentales, el Análisis, la Combinatoria, la Probabilidad, y la Estadística. En cada capítulo se ha puesto un interés especial en explicar cada tema desde la base, para permitir que el lector menos experto se familiarice pronto con las definiciones matemáticas. A lo largo de toda la obra se incluyen numerosos ejemplos y preguntas de autoevaluación que hacen más asequible la comprensión, a la vez que ilustran las aplicaciones de los nuevos conceptos adquiridos. Igualmente, al final de cada apartado se incluye un Recuerda… cuya misión es la de facilitar el repaso de los conceptos más importantes.
El lenguaje matemático se precia de exactitud. Esta exactitud ha sido el resultado de un largo proceso de maduración. Los griegos crearon una ciencia de las leyes del pensamiento que llamaron Lógica. Aristóteles la sintetizó en su Organon, dándole un carácter instrumental y considerándola como introducción a la filosofía. En relación sobre todo con las sentencias científicas, Aristóteles había formulado dos famosos principios:
–«todo enunciado es verdadero o falso, no hay una tercera posibilidad» (principio del tercero excluido), y
–«ningún enunciado es verdadero y falso» (principio de contradicción).
Ambos principios pueden resumirse en uno solo, llamado principio de bivalencia: «todo enunciado es o verdadero o falso».
Normalmente la lógica que se emplea en matemáticas (y en la ciencia en general) es una lógica bivalente, porque en ella vale el principio de bivalencia.
En 1920 Lukasiewicz propone un nuevo valor de verdad: lo posible; pero como lo posible es indefinidamente extenso, el mismo profesor polaco creó dos años más tarde una lógica polivalente en la que dejan de ser válidos los principios de contradicción y del tercero excluido. En 1965 Zadeh introdujo el concepto de lógica borrosa o difusa, con el fin de estudiar los sucesos cuyas características no pueden estudiarse con una certeza absoluta.
Por ejemplo, supongamos que le pedimos a una persona que escriba a mano una letra cualquiera de las que componen el abecedario, y que luego un lector electrónico debe dilucidar si la letra escrita es o no una «n». La tarea no es sencilla, pues una «n» manuscrita puede parecerse a otras letras (como por ejemplo a una «u»), pero el problema puede resolverse aplicando la teoría de lógica borrosa: si es ciertamente una «n» se le dará un grado de veracidad 1, y si no se parece en nada un grado de veracidad 0; todos los demás valores intermedios se considerarán valores de vaguedad e incerteza. Así a una «n» que parezca una «u» se le puede asignar un grado de veracidad 0.5.
La noción de vaguedad o incertidumbre de la lógica borrosa difiere esencialmente de la noción de probabilidad. En el cálculo de probabilidades la incertidumbre sólo existe antes de ocurrir cada suceso, mientras que en la teoría borrosa la incertidumbre existe en la atribución de una característica al suceso cuando éste ya ha ocurrido.
La teoría de lógica borrosa está siendo utilizada para diseñar microprocesadores que tienen múltiples aplicaciones, desde la compensación de las vibraciones producidas por el temblor de la mano en las cámaras de vídeo, hasta la programación de los sistemas expertos e inteligencia artificial, o desde el control de procesos industriales hasta control de frenado para lograr maniobras más suaves.
Así, hoy en día informáticos y matemáticos de diferentes partes del mundo intentan construir un ordenador borroso, es decir una máquina que no funcione según las normas clásicas del sí o no, sino con la lógica del más o menos, para imitar los mecanismos del pensamiento humano. La informática ha seguido desde sus inicios la lógica bivalente de dispositivos electrónicos en los que la energía pasa o no pasa, y toda la información que procesan tiene que estar traducida a esta condición de unos o ceros, es decir al sistema binario. Sin embargo, nuestra manera de razonar como seres humanos es distinta; sabemos que en el mundo hay más colores que el blanco y el negro.
También en Teoría de números y Álgebra se iniciaron a comienzos del siglo XIX vastos procesos de desarrollo que condujeron, a finales de siglo, a una total transformación del modo algebraico de pensar y a la elaboración de las primeras nociones de estructuras abstractas como la de grupo y cuerpo.
Galois durante su corta e impetuosa vida, falleció a los 21 años en un duelo político, sentó las bases de la teoría de grupos. La noche anterior al duelo la emplea en redactar sus resultados matemáticos y enviarlos a su amigo Chevalier, con la esperanza de que llegasen a Jacobi o Gauss. El punto crucial de sus investigaciones y descubrimientos lo constituyen su aportación al problema de las ecuaciones resolubles por radicales. Desde los tiempos de Cardano y Tartaglia se sabe que las ecuaciones de segundo, tercer y cuarto grado son resolubles por medio de radicales. Respecto a la de grado 5, tras siglos de esfuerzos en busca de una solución, Abel demostró que era imposible la existencia de una fórmula con radicales que nos diese el valor de X. El resultado de Abel queda sin embargo englobado en los de Galois. El joven francés, basándose en el estudio de los subgrupos normales del grupo simétrico de orden n, no sólo probó que no había solución para la ecuación de grado cinco, sino tampoco para ninguna ecuación de grado superior al quinto.

