Diccionario de Política Latinoamericana.
Autor: Ricardo Nudelman.
La idea de este libro nació a finales de los años setenta, mientras cursaba una maestría en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Mi percepción fue que muchos estudiantes carecían de la información básica sobre los acontecimientos de la historia política latinoamericana contemporánea, o no sabían dónde ubicar los datos necesarios para resolver sus dudas. Varios acontecimientos que viví con posterioridad, confirmaron esta idea.
Ponerme a trabajar en la confección de un diccionario de la política de nuestro subcontinente era una tarea que seguramente pecaba de soberbia. Pero como no existía ninguna exigencia exterior que me obligara a entregar el libro, simplemente el tiempo fue corriendo, mientras recopilaba la información del periodo que decidí estudiar, a la vez que registraba la información de los acontecimientos que se sucedieron en estos últimos veinte años.
Efectivamente, escribir un diccionario es una tarea especial, suena como a algo extraordinario, fuera de los límites de la capacidad de un solo ser humano. Sin embargo, no es más que una tarea minuciosa que requiere paciencia y atención. Pero no puede negarse que un diccionario es un libro especial. Angelina Muñiz, en la presentación del quinto tomo del Diccionario de escritores de México, de Aurora M. Ocampo (tomo la cita de la columna de Humberto Musacchio en el suplemento Hoja por Hoja del periódico Reforma de la ciudad de México, 2 de junio de 2001), señala con gracia y acierto: “Un diccionario es un libro especial. Un libro que se abre muchas veces pero que nunca se acaba de leer […] que tomó años y años para ser terminado y que el lector hojea en un par de minutos. Un libro lleno de todas las palabras para sólo buscar una…”. Pero no es más (ni menos) que un libro. Y, como herramienta de trabajo, lo importante es la utilidad que pueda tener para quien lo requiera.
Otro tema de reflexión necesaria durante la preparación del texto fue el de trazar sus límites. Fijar el siglo XX latinoamericano como objeto de la investigación no fue una decisión gratuita. La “historia del presente” es tan importante como el estudio de la historia del pasado. Si bien lo sabíamos cuando iniciamos la tarea, fue evidente que para muchos era difícil todavía comprender el siglo con el que convivíamos. Y fue hasta su final (y especialmente después de la caída del socialismo real, a partir de 1985) que pudimos percibir que la violencia y la injusticia fueron los elementos predominantes, hasta el punto de dañar en forma tal vez irreparable la capacidad humana de tener esperanzas. El historiador británico Eric Hobsbawm, en un libro que tituló con precisión en inglés La era de los extremos, y que fuera traducido por razones desconocidas como Historia del siglo XX (Crítica, Barcelona, 1995), dice que “la tarea del historiador no es juzgar sino comprender incluso lo que resulta más difícil de aprehender” (p. 15). Y como nos referimos al terrible siglo XX que finalizó, sabemos que el comprenderlo representa una tarea por lo menos compleja y angustiante.
Para América Latina, fue también un tiempo de profundas conmociones. Desde la Revolución mexicana de 1910-1917 hasta la derrota de los movimientos guerrilleros e insurreccionales de las décadas de los sesenta y setenta, pasando por los conflictos entre liberales y conservadores de comienzos del siglo, o por las oleadas populistas, o las reiteradas agresiones causadas por los intereses hegemónicos de Estados Unidos, nuestra historia contemporánea está atravesada por la fatalidad, el desencuentro y la desesperanza. Pero también se deben contabilizar la riqueza de las ideas, la inagotable fuerza movilizadora de los que nada poseen y la desinteresada grandeza de los que fueron capaces de enfrentar las adversidades. Un tiempo, en fin, rico en experiencias, conflictivo en sus acciones y dramático en sus consecuencias. Y que, sin duda, será materia de estudio y reflexión para todo el que pretenda explicarse los desencuentros del siglo XXI que despunta.

