Insall & Scott Rodilla Tomo 2.
Hace veinticinco años, a un adolescente con dolor de rodilla que no respondiera a inmovilización, y que evolucionara hacia atrofia y discapacidad creciente, se le realizaba una artrotomía y una meniscectomía totalmente innecesarias, a veces precedidas por una artrografía muy imprecisa.
Cuando los síntomas persistían, se consideraba que el otro menisco era la causa de la molestia y se volvía a repetir el tratamiento sin ningún éxito. Después, con la evolución fallida de la artrotomía, se pensaba que la rótula era la responsable. Desgraciadamente, no existía ninguna intervención quirúgica o no quirúgica que tuviera éxito universalmente. Como tratamiento quirúrgico se realizaban realineaciones, primero distales y después proximales, en casi todos los casos en los que se sospechaba condromalacia. Las lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA), si se diagnosticaban, eran tratadas siguiendo unas directrices que iban desde la más absoluta negligencia a una serie combinada de reconstrucciones intraarticulares y extraarticulares. La recuperación tras estos procedimientos ciertamente era, desde la perspectiva actual, un tributo a la dedicación de los pacientes y del terapeuta, y al mismo tiempo una advertencia para evitar la cirugía a toda costa.
Desgraciadamente, muchos de los trastornos en la rodilla de estos pacientes terminaban en una artritis postraumática que no respondía a la mayoría de los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, convirtiéndose así en candidatos para una osteotomía. Aunque en la actualidad no se indicaría este último procedimiento, no existían otras alternativas quirúrgicas. Hoy en día, un mejor conocimiento del diagnóstico clínico, las técnicas de imagen y las modalidades de rehabilitación han logrado acabar con muchos procedimientos quirúrgicos innecesarios. La artroscopia ha revolucionado el diagnóstico y el tratamiento de las lesiones del cartílago y las roturas del ligamento. La artroplastia total de rodilla (ATR), por otra parte, ha resultado un éxito sin precedentes, aliviando las molestias del paciente y, a la vez, acabando con su incapacidad. Esta retrospectiva de los últimos 25 años predice, cómo consideraremos las aportaciones de los libros clásicos a la evolución del conocimiento médico.
La curación de alteraciones del cartílago articular ha atraído a los ortopedas desde el comienzo de la especialidad. Hoy en día, este interés parece haber alcanzado su punto álgido. Por eso hemos incluido la mayoría de, si no todos, los planteamientos terapéuticos de los más renombrados pioneros de esta técnica. Desde Europa a Estados Unidos, un gran número de colaboradores han sentado los cimientos de lo que esperamos que sea el éxito terapéutico de los próximos años.
Aunque los más de 180 colaboradores son un número demasiado alto para referirnos a ellos individualmente, hay algunos capítulos especialmente innovadores sobre los que merece la pena llamar la atención, por ejemplo, “Revisión de la cirugía del LCA”, permite al lector descubrir, paso a paso, las “perlas” de distintos autores sobre cómo abordar este difícil problema en el quirófano.
Con el auge que están viviendo los deportes recreativos, cada vez son más frecuentes los problemas en la rodilla pediátrica. Por eso, los capítulos 64 a 68 exponen los conocimientos sobre el crecimiento y desarrollo normales, las deformidades congénitas, las fracturas fisarias y el tratamiento de lesiones del LCA en pacientes esqueléticamente inmaduros.
Casi la cuarta parte del libro está dedicada a la artroplastia y sus alternativas quirúrgicas. Este enfoque se hace necesario para que la primera se realice con éxito. Sin embargo, tampoco debemos olvidar la osteotomía. Gracias a los Drs. Hansen y Poilvache se nos ofrece la perspectiva americana y la europea. Se tratan con detalle cuestiones habitualmente relacionadas con artroplastia, diseños, técnicas, tromboflebitis, problemas cutáneos, infección y complicaciones que requieren cirugía de revisión. Del mismo modo que con la cirugía de revisión del LCA, hay seis secciones dedicadas a la cirugía de revisión de la ATR. La diversidad de abordajes quirúrgicos y de “consejos” es realmente enriquecedora.
En nombre de todos los autores deseamos que los lectores se vean alentados a aprender, analizar sus observaciones, plantearse retos y realizar contribuciones que resulten en beneficio de sus pacientes.








